lectura
perdón
2024
Dios inventó el perdón para reírse de nosotros.
Lo dejó caer como un anzuelo
y nosotros mordimos,
como peces hambrientos,
como idiotas.
Te perdono.
No porque quiera,
sino porque no puedo seguir arrastrando este cadáver entre los dientes.
Te perdono.
Nos perdono.
Porque la culpa es una soga,
y llevo demasiado tiempo con el cuello marcado.
¿De quién es la culpa?
¿Del niño que muere de hambre
aunque pasa todo el día vendiendo migajas en el asfalto caliente?
¿De la mujer que lo dio todo,
se deshizo en trozos,
y aún así no fue suficiente?
¿Del hombre que se arrancaría la carne
si con eso pudiera arrancarse el vacío?
No hay culpa.
No hay un maldito culpable.
Solo nosotros,
moviéndonos como bestias heridas,
tropezando en esta trinchera que llamamos vida.
Te perdono.
No sé si me lo merezco,
pero lo digo igual.
Me perdono.
Nos perdono.
Porque somos lo que somos:
dos cicatrices
cruzadas en un mal sueño.
Quizá lo que dije no era cierto,
quizá me inventé todo para sobrevivir,
pero ya no importa.
Porque lo entiendo,
quiero entenderlo:
tú no querías hacerme daño.
Yo no quería.
Aunque a veces,
en esas madrugadas donde el silencio grita,
lo dudo.
Pero incluso entonces,
te perdono.
Porque nadie hiere desde la claridad.
Se daña desde el miedo,
desde el hambre,
desde el frío que carcome los huesos.
Somos humanos,
somos animales heridos
lanzando mordiscos en la oscuridad.
Y yo,
cada noche,
hasta que esta jaula reviente,
me repetiré estas palabras,
como si fueran un mantra,
como si fueran un cuchillo,
como si fueran todo lo que queda.